Canciones para hacer llorar (Parte 1)

Canciones para hacer llorar (Parte 1)

 

Reconozco que me he metido en un jardín complicado. Lo de hacer llorar es algo tan subjetivo, como lo de hacer reír. Es más, una canción puede ser melancólica, emotiva, que nos eleve hasta la estratosfera, pero que accione mecanismos en nuestro interior que no sean los lacrimales. Que nos encoja el estómago, que nos retrotraiga (o nos retrolleve) a lugares mágicos, reales o ficticios. No todas las bellas melodías resultan lacrimógenas. Aún diría más, yo he llorado con temas bastante animosos (rozando el rock, el glam y pop), que de sensibles tenían lo mismo que un saco de grava.

En definitiva, salvando estos escollos comentados, quiero creer que se entiende a la perfección a qué me refiero con el título de la sección. Y como no podría ser de otro modo, es del todo razonable que no estén de acuerdo con mi selección, que ustedes poseen su propio botiquín musical etc. etc. Me atendré a las consecuencias. Qué remedio me queda.

 

Comenzaré con un tema que ya comenté en algún momento, Two old friends. El tema pertenece a un grupo inglés, Magna Carta, una banda de rock progresivo / folk rock  formado en Londres 1969. Como he confesado en otras ocasiones (confesar es de sabios, ¿no?) acerca de otras formaciones, esta no me apasiona. Es más, tan sólo me gusta el Lp en donde aparece este tema, Lord of the Ages. Es un disco muy propio de aficionados a  aventuras similares al Señor de Los Anillos. De hecho, la estética de la portada y el contenido van en esa línea. Lo compré por el tema que le da nombre al álbum. Pero pronto descubrí que no era la mejor canción, ni mucho menos. Amén de la que les aconsejo hay otra delicada melodía que deberían de conocer, Wish It Was.

 

Si esto ha sido muy hippie para ustedes, voy a intentar enmendarlo. Un grupo inglés que pasó desapercibido en España, This Mortal Coil, siempre me llamó la atención, por su discreción y delicadeza. This Mortal Coil fue un proyecto musical liderado por Ivo Watts-Russell, fundador del sello británico 4AD. Formaron parte de él Howard Devoto (Magazine), Colourbox, Dead Can Dance  Cocteau Twins y Modern English. Lanzaron tres álbumes que tienen en común sus temas atmosféticos. En el disco It’ll End In Tears del ’84 (todos los temas son versiones), aparece el corte que les ofrezco para que liberen su aflicción,  A single wish (compuesto por Simon Raymonde) Si les gusta el estilo, pueden escucharlo entero, es muy relajante.

 

 Supongo que conocerán a Elvis Costello (Declan Patrick MacManus), nacido en Londres. Se inició en la escena londinense de mitad de los 70’ en donde tuvo el privilegio de presenciar todo tipo de movimientos artísticos y musicales. Él se apuntó a la new wave y al punk. Su carrera es tan dilatada  que sería complicado resumirlo ni en diez páginas. A mí, es un tipo que me cae bien y pienso que el paso de los años le ha favorecido. Ha compuesto enormes canciones (casi todos los discos los firma con su banda, The Attractions) que aunque ahora no las atribuyan a su nombre, seguro que las reconocerían. Me hace mucha gracia una titulada Watching the detectives, la idea del título me hace gracia (pero no me gusta sólo por eso, es un buen tema). Pero no es el corte sensiblero que les quería presentar, es I want you, un tema largo (para luego digan que no han tenido tiempo de ponerse en situación), con un cambio de ritmo magistral, que aparece en un album, que en mi opinión, no es de los mejores de su carrera, Blood and Chocolate, del año ’86. Si la canción les ha emocionado mucho, el título del álbum es muy sugerente.

 

Neil Young nació en Toronto y comenzaré diciendo lo mismo que he dicho de Costello, su obra es tan faraónica que asusta. Muchos de sus discos me resultan pesados, por no decir insoportables, pero ¡ay amigo!, los que tiene buenos valen mucho la pena. El Harvest es un gran álbum, totalmente recomendable. Young se suele acompañar de su armónica, que en temas delicados aporta unos tintes de pesadumbre difíciles de igualar. Lo mismo que la slide guitar. Y mientras escribo esto sigo pensando qué canción recomendarles. Out on the Weekend que abre el disco es una maravilla. Harvest, que da nombre al álbum no se queda a la zaga. Heart of Gold, que malmetió Bonnie M con su nefasta versión (y lo más grave, es la que la inmensa mayoría conoce), es un bonito tema. Elijan ustedes. Así luego no me echarán la culpa.

 

Si nombrara a Metallica en esta sección pensarían que me había vuelto loco. Aunque una cosa les voy a  decir, un amigo mío sostiene que los grupos heavies nacieron para hacer baladas, que es lo único que vale la pena de ellos. Ahí lo dejo. Yo ni corto ni pincho. Pero no tenía ninguna intención de recomendarles un tema de Metallica, sino una versión. Apocalyptica es una banda formada por cuatro violonchelistas de Helsinki en el ’92. Se especializaron en versionear grupos de metal. El tema que quiero aconsejarles es su particular visión del Nothing else matters. Escuchénla, si no lo han hecho ya. Se les pondrán los pelos de las pestañas de punta. He de confesar (mucho les confieso yo a ustedes) que la de Metallica me emociona casi tanto como la versión, pero eso ya son cosas mías.

 

Y con esta acabamos, que a este paso, se van a deshidratar. Beban mucha agua (siempre recomendable), pero en este caso más. Robert Wyatt fue el batería de un grupo británico, Soft Machine, grupo que practicó la psicodelia, el rock progresivo para finalmente desembocar en el jazz fusión (vamos, un auténtico coñazo, infumable). Desafortunadamente sufrió un accidente que lo confinó de por vida a una silla de ruedas. Desde ese momento no ha parado de componer y colaborar con un sinfín de músicos. La canción que les traigo  aparece en el album Rock Bottom de ’74, titulada Sea Song.

 

Muchos se preguntarán  por qué no rebusco entra la música clásica, allí se esconden verdaderas maravillas que harían la delicias de ustedes, lectores sensibles y dispuestos a derramar gotas saladas sobre el teclado del ordenador en cualquier momento. Admito que no soy una persona versada en ese género. Si me esforzara podría dedicar algún capítulo a ello. Pero el tiempo no es infinito (me refiero al mío) y a parte de escribir esto que están leyendo, un sinfín de quehaceres me aguardan, y a no ser que viviera un millón de vidas, no reuniría el tiempo suficiente para acometerlos.

Pero como dicen los profesionales del escaqueo, prometo pensar en ello.

 

FIN

 

Autor: Miguel Angel Salinas   
 
 
                                                              
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