Geografía (Parte 1)

Geografía (Parte 1)

 

Cuánto se puede aprender en una clase de geografía. No se lo pueden ni imaginar. En el instituto aprendimos los accidentes geográficos, los mapas políticos, que país limita con cual, sus economías, las capitales (por supuesto), su régimen político, su cultura, hasta sus éxitos en olimpiadas y otras efemérides deportivas. Pero yo no recuerdo que se comentara nada acerca de que en Inglaterra estaba los Beatles y en Estados Unidos, Bob Dylan. Ni siquiera se nombraban a inocentes artistas al estilo de Mocedades, Cecilia y Juan Pardo. La cultura musical no existía ni en la clase de geografía ni en la de música. Bueno, allí sí, pero a mí, ni siquiera en mi adolescencia me interesó en absoluto la vida y milagros de Mozart, de Bach (más tarde me aficioné al vino  catalán del mismo apellido) y de Palestrina (que todos en clase pensábamos que se trataba de un país, pero no, resulta que era un compositor renacentista).

En esta sección abordaremos canciones que hablan de una zona determinada del mapa, de bandas localizadas en un lugar determinado y que conformaron movimientos y crearon tendencias, incluso comentaremos el porqué de la proliferación de artistas, sobre todo en países anglosajones. Si el resto de secciones les está gustando, no me cabe la menor duda, esta les va a entusiasmar. Puede que nombremos su pueblo. Estén atentos.

 

Brian Eno (no hagan el chiste fácil de la sal de frutas, por favor), nació en Suffolk, Inglaterra. Ha sido compositor, intérprete, productor (ha producido a grupos de la categoría de U2, Devo y Talking Heads) y arreglista en numerosos proyectos. Se le considera pionero en la música ambient y en el glam-rock. Abandonó Roxy Music [acuérdense, allí coincidió con Brian Ferry (que según los siniestro Total, le olía el aliento)]. Sus proyectos no fueron con frecuencia bien entendidos. Probablemente a consecuencia de que seres extraños con visión de la música, en ocasiones indigerible (me refiero a Robert Fripp, el líder de King Crimson, banda considerada de rock progresivo. Cada vez que escucho esa etiqueta, me echo a correr. Rock progresivo es sinónimo de sopor y sufrimiento al lado de Torquemada), aportaban guitarras a sus canciones. El tema viajero que les traigo hoy se titula China my China,  que aparece en su tercer trabajo del año ’74, Taking Tiger Mountain (By Strategy).

 

De mano de los Stones cambiamos de continente. El álbum Exile on Main St.   se publicó en el ’72 no sin sufrir graves y variados contratiempos. Keith Richards alquiló una mansión en el sur de Francia, una vez que la banda decidiera abandonar el país por “urgentes” problemas con el fisco. Además, rompieron con el manager alegando una palmaria malversación de fondos. Richards comenzó (continuó) consumiendo una gran cantidad de drogas. Únase a eso la desmedida ingesta de alcohol por parte de todos, las fiestas y la diversión en general  y comprenderán el ambiente nada propicio para componer.  Cuenta Richards que en una barca que adquirió iban  muchas mañanas a desayunar a Mónaco. A Esa ruta la denominaron Main St. El álbum se grabó con el sello americano Atlantic Records. Allí tuvo éxito, entre otras razones porque en Los Estados Juntitos de América existen muchas Main St. (y aquí también, lo que vendría a ser la calle Mayor). El tema que les quería proponer es Sweet Virginia. Un tema agradable, que recuerda a las desidiosas y apacibles melodías que los negros interpretaban a las orillas del Mississippi.

 

Fue el primer Beatle en publicar un disco en solitario. Harrison fue durante la existencia de The Beatles un tipo con inquietudes y ganas de componer su propia música. Entre los egos descomunales de McCartney y Lennon, su timidez, su escasa predisposición a discutir y sobre todo, su falta de tiempo y relax para dedicarse a ello, le impidieron comenzar antes de lo que hubiera deseado una carrera paralela. Sus discos representan una prolongación de su personalidad, son sencillos, sin pretensiones, sin afán de notoriedad, con la única intención de expresarse con libertad y sin las ataduras del resto de la banda. Son discos bonitos, se escuchan con facilidad, ninguno contiene una bombazo ni canción que sobresalga excesivamente (cabría la pena exceptuar Oh Sweet Lord, que tuvo que sufrir un juicio por plagio). El tema Hong Kong Blues, aparecido en el álbum Somewhere in England del ’81 es un tema agraciado (como muchos de los suyos). El disco en donde figura no es de mis favoritos, pero no se puede tener todo.

 

Jeffrey Lee Pierce era un tejano que un buen día se le ocurrió irse a Los Angeles a fundar un club de fans de Blondie. Una idea maravillosa, ¿verdad? Allí conoció a Kid Kongo que era el presidente del club de fans de los Ramones. Suena a chiste, pero es verídico. Por lo que fuera, se cayeron bien, convergieron en algunos puntos musicales y formaron The Gun Club. Las influencias de sus temas son difíciles de discernir. Cabe la pena apuntar que el tal Kongo formó parte de bandas tan dispares como The Cramps y Nick Cave and the Bad Seeds. Sea como fuere cuentan en su haber con grandes canciones (imagino que muchas de ellas desconocidas para ustedes), Sex Beat, Breaking Hands, The Great Divide, Pastoral, Hide & Seek (The Lost Song), Cry to Me y Walkin’ with the Beast. Hoy pretendía que conocieran Bad Indian, un tema aparecido en su segundo trabajo Miami, del año ’82.

 

En el Cleveland, Ohio, de los años 40 no se podían aburrir. Resultaba del todo imposible pululando por sus calles un tipo del talante de Screamin’ Jay Hawkins. Les recomiendo visionar cualquier actuación en directo, no lo olvidarán jamás. Su estilo, decantado hacia el blues lo adorna con su puesta en escena tétrica (a menudo aparece en el escenario dentro de un ataúd), lo acompañan calaveras y otros adminículos propios de un gurú. Sus gestos, estrafalarios, y gritos cuando canta lo hacen más real. Su teatro llegó a crear escuela e imitadores de medio pelo (como Alice Cooper)  pretendieron parecerse a él. A Hawkins se le recuerda sobre todo por  I put Spell on you (que versioneó maravillosamente la Creedence), pero posee tal cantidad de repertorio que me vería en un aprieto si tuviera que aconsejarles un disco en concreto. Me gustarían que escucharan  el que viene a cuento hoy, I love Paris, aparecido en el disco At Home del año 1958.

 

Y ya vamos acabando, querido lector. Sé que le da pena. Más pena me da a mí, pero el tiempo es el que es y a no ser que crea en la teoría de la relatividad, ya sabe, la contracción del tiempo y la dilatación del espacio, nos debemos ceñir a lo absoluto y no a lo relativo.

Tom Waits es un personaje en sí mismo. Es su vida, su personalidad, su carrera artística, su voz, su aspecto. Es compositor, cantante, actor, alcohólico y muchas cosas más, buenas y malas (como nos pasa a todos, ¿no?). Se ha ganado buenas críticas a  lo largo de su carrera y ha conseguido ser un artista de culto, pero jamás ha logrado un éxito masivo con ninguno de sus temas ni de sus variadas interpretaciones en el cine. Me gusta contar de él una anécdota que he leído en varios foros diferentes; eso como muy bien saben, no garantiza su veracidad. Cuando se le antojaba, iba a un pub concreto de su barrio, pedía una botella de bourbon y comenzaba a tocar el piano y a cantar. La actuación finalizaba al acabar la botella. ¿A qué es hermoso?  En fin, el tema que les traigo se titula Singapure,  tema incluido en el formidable Rain Dogs del año ‘85. Escuchen el tema y el disco, por favor. No se arrepentirán.

 

Esto de viajar agota. Tengo ganas de llegar a casa, deshacer la maleta, darme una ducha y meterme en la cama. Dulces sueños.

 

FIN

 

 

Autor: Miguel Angel Salinas   
 
 
                                                              
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